Si un aficionado recién llegado a nuestro país diera, un paseo por las calles
y parques de nuestras ciudades, la visión de la raza que obtendría podría ser
aterradora. Para el aficionado autóctono conocedor de la raza no dejaría por
lo menos de ser chocante. Efectivamente, mientras en nuestros rings de belleza
se reúnen algunos de los mejores cockers de Europa y nuestros criadores
producen cachorros de una calidad capaz de competir en cualquier ring del mundo,
en este hipotético paseo nos cruzaríamos, y estoy generalizando, con cockers
atípicos, largos, hocicudos, sin pelo, hipernerviosos y con toda clase de
desviaciones del estándar.
¿Por qué esta dicotomía? ¿Por qué mientras somos uno de
los países continentales con mayor calidad en nuestros ejemplares, esta no se
ve reflejada en nuestras calles, por donde pasean sin embargo auténticos
anticocker?¿Por qué el cocker de exposición no tiene nada que ver con el
cocker de la calle?
A mi entender la respuesta la encontraremos en varios
factores que paso a analizar.
Antes de empezar quisiera aclarar que siempre ha habido
buenos criadores, preocupados por elevar el nivel de la raza y no movidos por
fines comerciales y que son los oportunistas, los que se suben al carro de la
especulación y de la moda los que crían de forma desaprensiva e
indiscriminada. Y vaya también por delante mi cariño hacia cualquier tipo de
perro, mas o menos bonito o feo, con mas o menos pedigrí o sin el; pero si
vamos a hablar de cockers, pues hay que hablar de cockers.
La primera causa debemos buscarla en el boom que experimentó
la raza hace unas décadas. La gran demanda existente hizo que los fines
mercantilistas y cuantitativos primaran sobre los cualitativos, bajando el
listón de calidad hasta donde fuese con tal de producir “cockers”. Esto ha
creado una base de cría “domestica” de ínfima calidad, de muy difícil
control y que lejos de irse depurando se entrecruza consigo misma repitiendo y
fijando los mismos defectos aumentados generación tras generación. Pocos son
los propietarios que están dispuestos a pagar una monta o a desplazarse unos
kms. en busca de un buen macho, esto hace que se críe con el perro del vecino
sea como sea el animal. Y así nos van las cosas.
Creo que otro de los motivos es la falta de conocimiento
exacto de la raza. Todo el mundo sabe lo que es un cocker, si, pero poca gente
reconoce un buen cocker. Cualquier perro pequeño de rabo cortado y orejas caídas
con algún que otro fleco es catalogado por la mayoría como un cocker. Esto
hace que se compre cualquier cachorro de los anteriores como cocker y, es mas,
que el propietario crea que posee uno de verdad. Peticiones de presuntos
compradores o propietarios del tipo de “Quiero un cocker de pelo corto” o
“Los que Ud. vende ¿son de talla pequeña o grande? o “El mío
es de tipo gigante”, o si paseas con uno de tus perros con una abundante capa
te preguntan “Es cruce con americano ¿No?” o “¿Es un cocker o un spaniel?”
son de lo mas frecuente y nos muestran la desorientación que hay sobre nuestra
raza. Si a esto añadimos la invasión que estamos padeciendo de cockers
procedentes del este de Europa, comprados casi al peso, en pésimas condiciones
sanitarias y totalmente atípicos y que colocados en un escaparate son capaces
de enamorar a cualquiera que no conozca la raza, pues como dice el refrán:
Eramos pocos y parió la abuela.
Por otra parte, está la poca disposición del español medio
a gastarse dinero en su mascota. Mas de quince o treinta mil ptas. son un
derroche, y si el cachorro puede ser regalado, da igual su procedencia, pues
mucho mejor. Otra de las respuestas que más se repiten cuando alguien se
interesa por algún cachorro y le intentas explicar quien es el padre y quien es
la madre es: “Mire, yo solo quiero un cocker corriente, de estar por casa
porque no pienso llevarle a ningún sitio” o “Mire en tal sitio los anuncian
a quince mil y también tienen papeles”. Luego ese perrito tiene que salir de
casa a los seis meses porque es inaguantable y con los papeles siempre hay algún
problema ajeno por lo cual no se han podido conseguir, o cuando se encuentra con
alguno “de los de verdad” vienen las comparaciones: “Pues el mío no tiene
tanto pelo” “Y la cabeza no se parece nada, es más hocicuda la del mío”
“Que tranquilo es el suyo, ¿en casa es igual? Porque el nuestro no nos deja
parar”. Hay que concienciarse de que lo barato, a la larga sale caro, y que a
la hora de adquirir una mascota, esta debe de ser una decisión asumida y
meditada por toda la familia y que merece invertir algo mas de dinero e intentar
conseguir por lo menos lo mejor que se pueda. Vamos a hacer una compra para doce
o quince años y que va a convivir en nuestra casa con nosotros y con nuestros
hijos, así que lo dicho: no hay que escatimar.
Por otra parte la proliferacion de autenticas fabricas de
cachorros, conocidas en el mundo anglosajon como pet farmers, donde se cria
indiscriminadamente, sin ninguna nocion sobre la raza y donde lo que cuenta es
el numero de cachorros, da igual su calidad, inunda nuestros parques de
verdaderos pseudocockers.
Otro tema que me gustaría tratar es el del pedigrí. El que un perro tenga
pedigrí, contra lo que se piensa, no asegura la calidad del perro. El pedigrí
en si no es lo importante, sino quienes aparecen en este. Un pedigrí donde solo
figuren Coco, Snoopy, Linda y Blaky no significa nada. Imaginemos por un momento
que de dos camadas de padres aceptables que tengan pedigrí, vamos cruzando
sucesivamente entre si los peores de cada camada. Llegara un momento en que
aunque los cachorrillos tengan pedigrí no se parezcan en nada a un cocker. Esta
claro que es una garantía de “pureza racial”, pero no de fidelidad al estándar.
Antonio Rieiro García
NUNCAJAMAS
afijo nº 7771